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lunes, 28 de mayo de 2012

Marcelo Bielsa representa la cara más cruel de los fracasos (El Consultorio del Dr. Discépolo House)


Marcelo Bielsa, Athletic Bilbao

Tal vez, disfruta con sus fracasos. Porque sino, no se entiende tamaña acumulación de despistes a lo largo de su carrera. Debe atesorarlos, imaginariamente, en una vitrina de su casa, como aquellos que reservan espacio para los premios que van a lograr, seguramente, en poco tiempo. Allí están, relucientes, los ganadores: como Pep ganó 14 de los 19 torneos disputados y en su vitrina lucen, orgullosos, cada uno de ellos, Don Marcelo debe tener un espacio para sus fracasos. Los debe atesorar, unos tras otros, en un sitio especial. Con papelitos, debe escribir “Fracaso en la Europa League 2012”; “Fracaso en la Copa del Rey 2012”, “Fracaso en la primera rueda del Mundial de Corea y Japón 2002” y así. El tipo debe disfrutarlo, sino no se puede entender que siga dirigiendo, que lo sigan llamando y que provoque tal euforia que, luego, cuando sucede lo de siempre, parece más una consecuencia lógica de todo aquello. Debe disfrutarlo. Debe volver a su hogar, prenderse un habano y, luego de la primera pitada, seguro que dice: “Lo he hecho de nuevo. En hora buena…”
Pero lo aman en Bilbao, una ciudad que sabe verdaderamente poco de fútbol. Lo suyo son los nacionalismos, no tienen espacio para la razón, sólo para el sentimiento más profundo, nacido de las vísceras. Lo adoran los especialistas, que hablan de la “dignidad de un equipo que nunca renuncia a sus convicciones”, patanes que verdaderamente disfrutan con el dolor ajeno. Dignidad, dignidad es otra cosa: es saber cómo jugar frente a un adversario que es superior y no caer en la trampa de su propia telaraña. Al final, Chelsea tenía razón…
Por fortuna, apareció Javier Clemente, ex jugador y referente histórico del Athletic, que dice lo que otros callan. “Si sigue la temporada que viene debe mejorar en las finales y en lo que es el estilo del equipo. Que trabaje para hacer un equipo completo y ganar finales. Al final todo se ha quedado en una serie de frases”, analizó el genio. La verdad, alguien lo tenía que comentar: Bielsa debe trabajar. Basta de conitos y repeticiones. Basta de palabras que nadie entiende. “Bielsa es un técnico parco en palabras, no habla nada. Es un misterio. No sabemos lo que se le pasa por la cabeza. Le llaman Loco por su carácter y temperamento”, expresa el Gran Clemente, que en la temporada 1982-83 ganó la Liga y en 1984 la Copa del Rey con el Athletic de Bilbao. Títulos, Don Marcelo. Vueltas olímpicas, que para eso ha nacido este deporte profesional: para que unos le ganen a otros y así, si se puede, lograr alguna estrella. Pero no: Bielsa es feliz con el fracaso. Es su socio, su amigo, su sombra por las noches.
La verdad, no me gusta escribir con datos. Porque si de eso se tratase, con datos escribe cualquiera. Pero vale este ejemplo: en los últimos 14 años sólo logró la medalla de oro con la selección argentina en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Un torneo intercolegial, apenas. Pero ya sabemos que no busca eso Bielsa: su reconocimiento es la frustración. En ese rubro, tiene la vitrina llena.

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